domingo 12 de agosto de 2007

¡Oh, capitán, mi capitán!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos,
hemos ganado el premio que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
¡oh rojas gotas que caen,
allí donde mi capitán yace, frío y muerto!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
para ti multitudes en las playas,
por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado, frío y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.

Walt Whitman, "Hojas de Hierba".

Aunque yazgas muerto ahí, nos llevaste a buen puerto y la eterna memoria de habernos alentado a ser todo lo que podíamos ser siempre te perseguirá. Nos acordaremos de ti cada vez que hagamos algo y estemos a la altura de nuestros ideales, no tanto porque nos lo diga alguien o porque nos den un premio, sino porque es nuestra íntima convicción que hemos actuado conforme a ellos. Nos acordaremos de ti cada vez que, pese al susurro del mar primordial, que nos llama en lo profundo de la noche, decidamos resistir y seguir adelante. Porque tu vida fue el precio que todos pagamos por ser todo lo que podíamos ser. Por eso te perseguirá nuestra eterna memoria.