martes, 30 de enero de 2007

Un día de enero

Duele el clima. El cielo gris del invierno, omnipresente ahora, se tiende como un manto sobre la ciudad. La humedad abraza la luz, convirtiéndola en suspiro y esperanza de tiempos mejores. Apenas inicia el día, me arrastro hacia el aseo. Siempre con la presión baja, claro. Del aseo a la cocina y no soy persona aún. ¿Se puede empezar un día sin café? Si no hay remedio, sí: quizá a media mañana pueda reponer la dosis que me es tan necesaria. Mientras, trato como sea de ponerme en movimiento. A ver qué es lo que da de sí el día.