Duele el clima. El cielo gris del invierno, omnipresente ahora, se tiende como un manto sobre la ciudad. La humedad abraza la luz, convirtiéndola en suspiro y esperanza de tiempos mejores. Apenas inicia el día, me arrastro hacia el aseo. Siempre con la presión baja, claro. Del aseo a la cocina y no soy persona aún. ¿Se puede empezar un día sin café? Si no hay remedio, sí: quizá a media mañana pueda reponer la dosis que me es tan necesaria. Mientras, trato como sea de ponerme en movimiento. A ver qué es lo que da de sí el día.
martes, 30 de enero de 2007
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