Mañana vuelve todo a la normalidad. Los currantes, a trabajar; los que no, tratando de encontrar algo con que llenar el tiempo y olvidar la ausencia para que parezca que el día es radiante y que el sol sale para todos.
Mañana, con independencia de lo que nos trajeran los Reyes (o Papá Noel, aunque yo al gordo del gorro rojo no lo soporto), viene la cuesta de enero. Como cada año, todo es más caro. Volveremos a ver las caras largas en el metro, en el autobús. Caras acartonadas por el frío y el sueldo que se estira y llega de milagro. Se palpará la economía en el ambiente.
Mañana es el primer día de verdad del año. Podremos escribir la historia como nos plazca. A veces siendo sinceros, a veces jugando al escondite con nosotros mismos. Porque somos humanos y a veces no enfrentamos lo que no queremos ver.
Mañana es la hora de la verdad para muchos. O tal vez para todos. Las oficinas se van a volver a llenar. La secretaria, fea y sensible, hablará con la administrativa, guapa y creída, y le contará el ligue que tuvo en la noche de fin de año. "No dormimos en toda la noche" le dirá, ufana. A lo mejor no fue sexo, sino sólo confidencias, o una buena película y palomitas; pero el comentario bastará para que la otra se muerda los codos de envidia y piense: "Mira la mosquita muerta ésta... Y parecía tonta, la muy...". Porque ella se acordará del maromo que se agenció en un cotillón. Guapo, moreno, de ojos azules, atlético... y un gilipollas acabado porque cuando ya estaban a punto de meterse en la cama, se puso a rociar la cama con agua bendita y le propuso matrimonio y tener ocho hijos, como manda la Obra. ¡Qué pesadez, por favor! Claro que eso no se lo dirá a "la fea". Sólo faltaba tener que reconocer el fracaso ante una "inferior".
El director de ventas le preguntará al de compras: "¿Cómo pasaste la Navidad: bien o en familia?". Y el otro le contestará, cariacontecido: "En familia. ¿Y tú?". "Bueno, ya sabes que desde que me divorcié no he parado. Me he ido a esquiar a Baqueira. Unas rubias... unas morenas...". A lo mejor sí fue a Baqueira, con un crédito rápido de ésos que te los dan en 24 horas y te tienen cogido por los huevos durante 24 meses. A lo mejor sí había aquellas rubias y aquellas morenas, aunque él sólo las viera de paso mientras se tomaba un cacharro en el bar (pero uno solo, porque el bar es carísimo) para ahogar su soledad y su incapacidad para decirles un simple "hola". Pero el caso es figurar e hinchar pecho, ¡qué puñetas!
Ya lo decía Julio Iglesias: "la vida sigue igual". Ah, pero mañana...
Mañana es el primer día de verdad del año. Podremos escribir la historia como nos plazca. A veces siendo sinceros, a veces jugando al escondite con nosotros mismos. Porque somos humanos y a veces no enfrentamos lo que no queremos ver.
Mañana es la hora de la verdad para muchos. O tal vez para todos. Las oficinas se van a volver a llenar. La secretaria, fea y sensible, hablará con la administrativa, guapa y creída, y le contará el ligue que tuvo en la noche de fin de año. "No dormimos en toda la noche" le dirá, ufana. A lo mejor no fue sexo, sino sólo confidencias, o una buena película y palomitas; pero el comentario bastará para que la otra se muerda los codos de envidia y piense: "Mira la mosquita muerta ésta... Y parecía tonta, la muy...". Porque ella se acordará del maromo que se agenció en un cotillón. Guapo, moreno, de ojos azules, atlético... y un gilipollas acabado porque cuando ya estaban a punto de meterse en la cama, se puso a rociar la cama con agua bendita y le propuso matrimonio y tener ocho hijos, como manda la Obra. ¡Qué pesadez, por favor! Claro que eso no se lo dirá a "la fea". Sólo faltaba tener que reconocer el fracaso ante una "inferior".
El director de ventas le preguntará al de compras: "¿Cómo pasaste la Navidad: bien o en familia?". Y el otro le contestará, cariacontecido: "En familia. ¿Y tú?". "Bueno, ya sabes que desde que me divorcié no he parado. Me he ido a esquiar a Baqueira. Unas rubias... unas morenas...". A lo mejor sí fue a Baqueira, con un crédito rápido de ésos que te los dan en 24 horas y te tienen cogido por los huevos durante 24 meses. A lo mejor sí había aquellas rubias y aquellas morenas, aunque él sólo las viera de paso mientras se tomaba un cacharro en el bar (pero uno solo, porque el bar es carísimo) para ahogar su soledad y su incapacidad para decirles un simple "hola". Pero el caso es figurar e hinchar pecho, ¡qué puñetas!
Ya lo decía Julio Iglesias: "la vida sigue igual". Ah, pero mañana...
Y es que cada uno
hace lo que puede;
a veces uno triunfa
y a veces hay mala suerte
(con ritmo de rumba)
Pues eso: que Dios reparta suerte.
hace lo que puede;
a veces uno triunfa
y a veces hay mala suerte
(con ritmo de rumba)
Pues eso: que Dios reparta suerte.

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