Extraña y muy famosa película. Sólo Kubrick podía haberla llevado a cabo con esos ingredientes de misterio y emoción. Salvando las distancias, Arthur C. Clarke podría ser el Verne de la era espacial.He leído la novela antes que la película y quizá por eso no me acaba de convencer que la película sitúe en un punto diferente la última confrontación entre hombre y monolito. En la novela, el hombre se encuentra por tercera vez ante el monolito en la órbita de Saturno. Para mí eso tiene mucho sentido, pues lo interpreto desde el punto de vista esotérico. Saturno (o Cronos) es llamado el Guardián del Umbral, el que nos "prepara" para acceder a un mayor nivel de espiritualidad y evolución.
No es un secreto que Kubrick y Clarke trabajaron conjunta y simultáneamente en la novela y la película. Pero de todos modos, no se me alcanza por qué en la película el encuentro entre hombre y monolito ocurre en la órbita de Júpiter. Quizá el trayecto más corto (del Sol a Saturno hay 1.529 millones de kilómetros) o que el "salto" en distancia de Júpiter a Saturno era demasiado grande... O quizá fue el deseo de no enfocar una atención indeseada sobre Titán, una de las grandes lunas de Saturno y de la que se dice que podría tener una atmósfera parecida a la de la Tierra. A mí me hubiera gustado que se hubiera mantenido el punto original de la novela, de todos modos.

Finalmente, sólo nos queda esperar. Algunas de las circunstancias que había en 1968 ya no existen, como la Guerra Fría. Los ordenadores ya no funcionan con fichas perforadas ni son patrimonio de las grandes empresas con intereses militares. Muchas personas tenemos ya un ordenador personal, del tipo IBM (se ha señalado la coincidencia de que H-A-L son las letras que ocupan el lugar anterior, respectivamente, de I-B-M).
Quién sabe... cualquier día de éstos se presenta un monolito de 1 x 4 x 9 por aquí...

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