lunes 8 de febrero de 2010

Me gustaría que fuese verdad...


... que hay amistades que estén donde estén vendrán corriendo si tengo un problema. Que harán lo posible por consolarme, animarme, ayudarme... igual que yo sé que lo haría en la medida de mis posibilidades... Quiero creer que la gente no es tan egoísta que se preocupa únicamente "on their own business". Somos -dicen- 6.000 millones de personas. ¿De verdad que no hay NADIE en el mundo que pueda hacer eso que pido, ofreciendo como mínimo reciprocidad? Si no es así, me gustaría que me lo dijesen. Me bajaré del mundo aunque sea en marcha. A nadie le importaría uno más o menos.

sábado 6 de febrero de 2010

Hoy es otro de esos días

Hoy es otro de esos días. Pero hoy ya no te echaré de menos. He conseguido que tu mirada en una foto cualquiera no me hiera hasta el punto de no querer mirar. Después de renunciar al teléfono y al correo electrónico, ya no me queda más que un recuerdo, en algún lugar del corazón. Otro recuerdo de lo que pudo ser, no es y no será ya. Un expediente archivado.

Atrás quedaron los brillantes días del verano. El agua nos hacía parecer otra cosa, pero el invierno redujo la película a su proporción real. Y aquí estamos, como si nada

No, no hay nada entre los dos

y no hay nada entonces que esperar…

Porque no hay nada entre los dos

páginas vacías… sábanas vacías…

Sé que nuestras dos

escenas servirán

de prólogo a la soledad.

La vida sigue y no espera. Hay que apretar los dientes y seguir andando. Nadie te entiende ni te compadece. Tu dolor no le importa a nadie, ¿sabes? A NADIE. Cada uno se lame sus heridas en casa, aunque de labios para afuera canten lo de si te ha pillado la vaca. Sigue andando. Keep walking! Sabiendo que a nadie más que a ti importan los recuerdos, no te quedes ahí parado, como un idiota.

Hoy es otro de esos días. Hoy no te quiero (olvidar). Me revuelco en el dolor íntimo que me causa tu recuerdo. Pero ya no más. Serás una foto más en el álbum de mis recuerdos. Y te recordaré, pero nunca, nunca más me harás daño.

miércoles 6 de enero de 2010

Love actually - Historia 1 - Parte 2

Una de las mejores declaraciones de amor que he visto en el cine...

jueves 12 de noviembre de 2009

Hermanado

O así. No quería decir «mi hermano» o «hermanón», como dice él en alguna de sus novelas. Entre otras razones, porque no soy su hermano y si lo hubiese sido, no me habría largado a París «para hacerme escritor» ni por un millón de Prousts. Ni, por supuesto, porque no soy un fin de race, que hubiese dicho su exesposa (probablemente bien cargada de patas de gallo y de millones en el banco: el derecho de propiedad se disfruta con más profundidad después de haber sido marxista y de haberle mentado la madre a tu exmarido burgués, por muy blue-blue-blue que se ponga).

Llamémosle un cierto sentimiento de afinidad y dejémoslo ahí. Digamos que me siento hermanado con ese asombro con patas llamado Martín Romaña (y en lo que cabe, con su alter ego, Alfredo Bryce Echenique). Al menos en dos cosas: en que su «detesto molestar» se convierte en fuente inagotable de problemas, tanto para él como para mí. También tengo la capacidad que tiene él de volverse loco un rato y dejar que los problemas crezcan hasta que sólo otra persona y grandes dosis de drogas legales puedan con ellos.

Y la otra es que la mayor parte de las veces me ha tocado lidiar con mujeres ante las cuales he perdido edad y estatura (después sí, pero en el primer momento Maggie no te quería ayudar, so cojudo). La bizquera. Eso era lo más horroroso de todo. Una de ellas me bizqueaba hasta cuando dormía conmigo (o yo con ella, que no es lo mismo aunque lo parezca). Las dulces promesas trocaron en agrios reproches y prolongadas bizqueras, hasta que aquella mujer, simplemente, dejó de verme. Y yo dejé de verla también. Y lo que es peor: me importó una eme dejar de verla, cuando el sentimiento que hubo antes fue ocupado casi por completo por el miedo y un blues en la trompeta del gran Miles Davis (sí, ya sé que a Bryce Echenique igual no le gusta Miles y que prefiere a Gardel; pero estamos hablando de mi libro, ¿no?). Ya no pude soportar por más tiempo aquella bizquera (nada de bizqueritas como las de Bryce: B-I-Z-Q-U-E-R-A-S, con MAYÚSCULAS) y me declaré vencido en aquel combate mudo.

Bueno, pero él puede consolarse pensando que su amigo del alma, Jaime Dibós, ya no podrá andar por ahí  diciendo «Alf es comercialmente cero». Todo un Premio Planeta, ¿sabe usted? Sin contar con todos los demás premios que haya podido ganar. En cambio un servidor sigue siendo comercialmente cero, o más bien, less than zero, porque hasta el momento presente mi vida ha sido una eterna sucesión de números rojos, más rojos que sus compañeros del Grupo de Lecturas que allá quedó enterrado en París y Mocasines, que seguramente viste ahora de Gucci porque los mocasines serían muy revolucionarios pero nada cómodos, carajo. Y trajes hechos a medida, porque con lo gordísimo que está los trajes de pobre ya no le entran.

Pero lo mejor de todo es que ahora Bryce Echenique es Bryce Echenique, sin formar parte de ningún boom hispanoamericano (a la mierda el vocablo latinoamericano, inventado por los enemigos de todo lo español). Bryce Echenique se define ahora por sí mismo y ha conseguido ser, al fin, el Marcel Proust de su mamá, doña Elena Echenique y no me meta usted en el mismo saco que a esa pandilla de cojudos a la vela, porque yo escribo mucho mejor, sobre todo desde que dejé el marxismo arramblado en alguna parte del camino entre La Habana y Santiago de Cuba. Que en los buenos tiempos ser hispanoamericano, escritor y comunista eran una misma cosa, visto lo visto. Todo en una pieza y en París les jeunes filles perdían la cabeza por esos escritores que les hablaban del Machu Pichu y de El cóndor pasa con entusiasmo.

Hoy nada queda de eso. Ni siquiera el Muro. Y sin embargo, intentar imaginar cuál es la verdad de los personajes de Bryce puede ser un pasatiempo divertido e intrascendente. Tiene cierto parecido con Stephen Vizinczey, el de En brazos de la mujer madura: los capullos de la revista alemana Stern se gastaron una millonada en intentar averiguar algo –cualquier cosa, en realidad– de cualquiera de las amantes del autor que aparecen en el libro: Maya, Boby, Ann Macdonald… sin conseguir nada en absoluto. Por ejemplo, me hubiese gustado saber quién había detrás del pseudónimo «Trini»; lo que intuyo, casi con seguridad, es que no se trata de Marcia Leiseca (dudo mucho que Bryce Echenique, con lo que confiesa haber llegado a beber, se hubiese agenciado una camarada compañera con semejante apellido).

Y ése es uno de los pequeños triunfos de Bryce Echenique, mi hermanado Martín Romaña: conseguir que aceptemos lo que él nos cuenta de las personas que ve pasar por su vida, sin saber en realidad si lo que nos cuenta es verdadero o falso. Probablemente él es un escritor para quien «la verdad desnuda no tiene atractivo alguno». La verdad que él ve, en todo caso, es una verdad desnuda paseándose por los espejos de la calle del Gato. Y así nos lo deja escrito a nosotros.

Por eso es mi hermanado. Porque la única forma de que la verdad no duela es pasearla por los espejos de la calle del Gato.

lunes 3 de agosto de 2009

Una carta del Tarot


Hoy aparece en mi IGoogle la carta de El Colgado. No tiene ninguna gracia sentirse "colgado" de un solo pie, suspendido en el aire, sin poder tomar tierra en un sentido o en otro. El feed en concreto es el de Los Arcanos y, por esta vez, parece que ha acertado plenamente. Parece que no hay sino esperar (sin desfallecer, eso sí) a que vengan tiempos mejores. Y eso es lo que haremos hoy.

Postdata: Te quiero (sabes a quién me refiero, por supuesto).

lunes 3 de septiembre de 2007

Mensaje en una botella

Éste es un mensaje para Toñi. Aún después de decirle adiós para siempre, me acuerdo de ella. ¿Por qué, a pesar de que uno sabe que recordar hace daño, recuerda? Es una pena, desde luego. No quiero causar problemas a nadie por mi aparición física. Me resigno a ser una especie de aparición fantasmal en la vida de la gente. Tampoco yo quiero que me hagan daño. Y a pesar de eso, recuerdo… Un beso en el viento para ti, Toñi. A lo mejor en otra vida nos podemos encontrar, ya que en ésta nuestros caminos se han separado definitivamente…

Sí así son las cosas
Cuanto más pequeñas, más tiernas, más suaves, más maravillosas
Sí como tu mirada
Que cruza la mía y me lo dice todo sin decirme nada

Son momentos hermosos que vienen y van
Nos van juntando a ratitos un poco de aquí y allá
Son historias de dos donde no cabe más
Que un corazón acelerado cantando a un son descontrolado

Cógete a mi mano arrímate un poquito más
Nos perderemos en algún lugar lejano que nadie pueda imaginar ven...y
Cógete a mi mano arrímate un poquito más
Nos perderemos en algún lugar lejano latiendo acompasados sh sh sh

Sí así son las cosas
Tu boca envolviendo mi boca parecen pétalos de rosa
Sí noto tu sonrisa
Como un arco iris de estrellas fugaces prendiendo la mía

Son historias de dos donde no cabe más
Que un corazón acelerado cantando a un son descontrolado

Cógete a mi mano arrímate un poquito más

Sí, historias de dos donde no cabe más
Que un corazón acelerado sh sh sh
Cuanto más pequeñas, más tiernas, más suaves, más maravillosas
Me lo dices todo sin decirme nada
Tu boca en mi boca pétalos de rosa
Noto tu sonrisa prendiendo la mía
Huellas que se hunden hasta que se funden
Hasta que confunden hasta que se animan
Hasta que termina
Hasta otro día.

domingo 12 de agosto de 2007

¡Oh, capitán, mi capitán!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos,
hemos ganado el premio que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
¡oh rojas gotas que caen,
allí donde mi capitán yace, frío y muerto!

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
para ti multitudes en las playas,
por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado, frío y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.

Walt Whitman, "Hojas de Hierba".

Aunque yazgas muerto ahí, nos llevaste a buen puerto y la eterna memoria de habernos alentado a ser todo lo que podíamos ser siempre te perseguirá. Nos acordaremos de ti cada vez que hagamos algo y estemos a la altura de nuestros ideales, no tanto porque nos lo diga alguien o porque nos den un premio, sino porque es nuestra íntima convicción que hemos actuado conforme a ellos. Nos acordaremos de ti cada vez que, pese al susurro del mar primordial, que nos llama en lo profundo de la noche, decidamos resistir y seguir adelante. Porque tu vida fue el precio que todos pagamos por ser todo lo que podíamos ser. Por eso te perseguirá nuestra eterna memoria.